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Nuestra propuesta educativa

Según el Beato José Tous, Fundador de nuestros colegios, la frase evangélica “dejad que los niños vengan a Mí y no se lo impidáis” (Mt. 19,14), se convierte en norma de convivencia y acogida.

El clima en el que se desarrolla la tarea de los colegios recuerda vivencialmente a toda la Comunidad Educativa y, de manera especial a los educandos, la presencia de María, que nos conduce hacia Jesús, Buen Pastor.

En estilo franciscano, educamos desde un acercamiento cordial, que implica sencillez, alegría y bondad, que se hace extensivo a las relaciones más allá del ámbito escolar. Enseñamos a ver la naturaleza como obra de Dios que se debe amar, respetar y cuidar (cf: Laudato Si 13-14.23-24).

La educación cristiana tiene siempre el carácter de ofrecimiento respetuoso con la libertad de todos los alumnos, profesores y familias; de aquí que todos deban respetar el Carácter Propio de los Colegios Madre del Divino Pastor.

Por este motivo, en nuestros Colegios, procuramos favorecer el crecimiento y la maduración de los alumnos en todas sus dimensiones, basándonos en los siguientes criterios:

  1. Les ayudamos a descubrir y potenciar sus capacidades físicas, intelectuales y afectivas.
  2. Educamos su dimensión social y promovemos su inserción en el mundo de forma responsable, constructiva y comprometida.
  3. Fomentamos el desarrollo de la dimensión ética y trascendente de la persona.
  4. Enseñamos la Religión Católica y pretendemos la formación de personas conscientes y responsables, a través de un planteamiento fundamentado y crítico de la cuestión religiosa.

Favorecemos la coherencia entre la fe y el conjunto de saberes, valores y actitudes de los creyentes, mediante la educación en:

  • La solidaridad y, a un nivel más profundo, la fraternidad con todos, viéndoles como hijos de Dios y hermanos en Cristo.
  • El perdón como acto de reconciliación con el otro que mueve a abrirse y aceptar el arrepentimiento, admitiendo que todos nos podemos equivocar; esta actitud lleva a restablecer los vínculos rotos y a la felicidad.
  • La paz, la convivencia, la comunicación entre todas las personas y pueblos, con espíritu abierto, dialogante, flexible, ajeno a toda forma de violencia.
  • La responsabilidad personal, el sentido del deber, la asunción del trabajo como enriquecimiento de la propia persona y como ineludible aportación a la sociedad.
  • El sentido de justicia en las relaciones personales y en las estructuras sociales.
  • La libertad personal y el respeto a la libertad de los demás.
  • El espíritu crítico y creador que le capacite para afrontar las nuevas situaciones.